viernes, 11 de noviembre de 2011

DESIERTO BLANCO EGIPCIO. El Silencio y la mágica Luna Azul

Emprendimos una frenética carrera hacia el oeste a traves de una vasta extensión desértica surcada, aquí y allá, por las sinuosas rodadas de los vehículos que nos habían precedido, alguno de los cuales aún podía intuirse por su estela de polvo. Nos habíamos entretenido mucho en las paradas y llegábamos tarde a nuestra cita con el último atardecer del año.

Demasiado movimiento y polvo para hacer fotos... Así que me dediqué a capturar con la retina las instantáneas de aquel fantástico y sorprendente lugar en el que parecía que una Fuerza gigantesca e inteligente hubiera dado rienda suelta a su caprichosa y delirante imaginación creando un campo de juegos que la luz crepuscular transformaba por momentos en un campo de sueños, una mágica Jauja: Aquí un montón de champiñones, allá un grupito de milhojas y hojaldres, al fondo unos colosos como moais de perfil inquietante...

Cuando llegamos arriba de la colina-duna el Sol acababa de caer a plomo tras el horizonte. Nuestros guías, que se desvivían por hacernos más inolvidable, si cabe, el viaje, comenzaron a discutir contariados en un árabe rapidísimo.
Recordando el atardecer de Atacama y las palabras de Pablo me giré... y no pude contener un grito: "Mirad!! La Luna!!"
Una Luna enorme y anaranjada había emergido, como un sol nocturno, por el Este a la vez que el Sol se ponía.
Después de un rato de entusiasta contemplación y, esta vez sí, fotos, me descalcé y bajé hacia el campamento deslizándome por la arena, sintiendo su fresco y suave masaje en mis plantas. Abajo habían comenzado ya los preparativos de la celebración, bajo la luz de esa mágica "Luna Azul".

El banquete fue suculento, y las tradicionales uvas un poco caóticas como suele ocurrir en estos casos en que no hay campanadas y uno no sabe si celebrar el tránsito a la hora local o a la patria... o a ambas, que es por lo que se decantan los más animados.
Yo preferí, tras los brindis, dar un paseo para bajar la cena y disfrutar de aquel impresionante escenario de noche americana. La luz de la luna hacía refulgir las blancas formaciones rocosas. No iba a hacer falta usar el frontal...

Tras un buen rato de caminata llegué a uno de esos montones de azúcar glaseada y trepé con cuidado de no quebrar la piedra, de consistencia casi tan frágil como el dulce material. La panorámica desde ahí era alucinante... Todo brillaba bajo un cielo de color intenso -azul de Voronet pensé, recordando el color de los frescos de ese monasterio de los Cárpatos-. Un soplo de brisa trajo el eco de una celebración lejana, y luego el aire paró y se hizo el silencio. En él se manifestaron otros sonidos sutiles: el gorgoteo de mis intestinos, el suave roce del aire al entrar por el tubo de mi tráquea y bronquios, el zumbido de la sangre latiendo en mis sienes... Luego hasta esto cesó. Todo se detuvo en una atmósfera congelada, irreal. El Silencio era mayúsculo, ominoso, sobrecogedor, y la sensación como de estar dentro de un sueño, en una burbuja, en un mundo aparte... en la Nada.

No sé cuánto tiempo estuve impregnándome de esa sensación... Salí de ella poco a poco y emprendí un regreso que resultó un tanto difícil pues por momentos perdí las referencias y tuve que volver sobre mis pasos varias veces conteniendo el miedo, intentando confiar en encontrar el camino... Respiré con alivio cuando llegué al campamento y me metí en el saco, con la luna como techo. Así recibí el año...

Cuando desperté en el primer día del 2010 -el primer día del resto de mi vida, pensé-, la Luna estaba a punto de ponerse y el Sol de salir.
Así que, silenciosamente, dí las gracias por haber podido vivir toda esa magia y me despedí de ella: "Hasta el 2028, Luna Azul..." Insha´Allah!!!

M. G.

Egipto. Desierto Blanco. Diciembre 2009/ Enero 2010


ciencia.nasa.gov/science-at-nasa/2009/29dec_bluemoon - En caché














                   















miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA MÁSCARA Y EL ESPEJO


Hace unos quince años escuché por primera vez a una cantante de música celta: Loreena McKennitt. 
Me cautivó su voz vibrante, cristalina, la riqueza instrumental y el aire evocador de otras culturas y otras tierras de sus melodías, que iban mucho más allá del mundo celta.
Su música traduce una búsqueda continua, un perpetuo aprendizaje, un "viaje vital" cuya filosofía tantos viajeros comparten... como bien dice en El Libro de los Secretos: "Un buen viajero no tiene planes fijados, ni trata, antes de partir, de llegar a sitio alguno. En su travesía incorpora nuevos amigos y llega a descubrir destinos nunca jamás imaginados".

Su música, desde entonces, me ha acompañado en mis "viajes": Ha sido la banda sonora en mi Ruta de la Seda, ha guiado mis pasos por Estambul, ha marcado la seducción de un baile, el inicio de una pasión, la emoción de una despedida, el recuerdo de una amistad, de una escucha compartida, la melancolía de una tarde lluviosa, los colores de un atardecer, la evocación de ciudades invisibles leídas e imaginadas... Y me ha movido a la reflexión sobre el sentido de todo ello. Sobre todo otra de sus obras: "La Máscara y el Espejo".

Con cuántas máscaras nos relacionamos con los demás, nos presentamos ante el mundo...? Somos conscientes de ellas o nos hemos acostumbrado tanto a llevarlas que no las distinguimos de nuestra propia piel? Seríamos capaces de quitárnoslas y mirarnos en el espejo de la realidad tal cual somos, a "cara descubierta"? Es posible? Es deseable? Y qué pasaría si todos hiciéramos eso? Sería soportable tanta "verdad"? O basta con el juego de espejos que proyectamos y provocamos los unos sobre los otros y lo que nos muestra del otro y de nosostros mismos?
En fin...

Selecciono tres temas de ese CD, no tal vez los más hermosos, pues todos lo son, sino los más significativos para mí. Ahí van...



Marrakesh Night Market


The Mystic´s Dream

                                           
 The Dark Night of the Soul


viernes, 28 de octubre de 2011

EL FUTURO ES... AHORA!


 
Ya no podemos decir que no sabemos lo que está pasando...

Ya no podemos mirar hacia otro lado...

Esto no es una cuestión de buscar "culpables".

Se trata de una RESPONSABILIDAD COMPARTIDA!!

Hagamos cada uno nuestra parte antes de que sea demasiado tarde... para el Planeta, para nosostros mismos.

La Tierra no es un objeto de consumo indiscriminado. Es un ser vivo!!

La Tierra no es la herencia que dejaremos a nuestros hijos... Es a ellos a quienes se la hemos tomado prestada.

sábado, 22 de octubre de 2011

PENÍNSULA VALDÉS. La ballena que vino a darme un beso


Dicen que Agosto no es buena época para viajar a Patagonia, que el invierno austral es muy duro...

Había soñado con ese viaje a la vuelta de la ruta Transamericana, cinco años antes. En el sueño contemplaba un frío amanecer a la orilla del mar... Cuando desperté sentí que había sido un sueño especial, inquietante de tan real. Aún lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer.

El deseado viaje se fue aplazando. No conseguía organizarme para ajustarme a las fechas ideales, nuestro invierno, para hacerlo coincidir con la primavera-verano allí. Hasta que, un buen día, esa necesidad interna de ave migratoria me apremió tanto que, sin pensar, mis pasos me llevaron a la agencia y me descubrí reservando el viaje en la peor época, que luego resultó, por muchos motivos, la mejor...

Tras una breve estancia en la querida Buenos Aires volamos a Península Valdés. Era plena temporada de ballena franca.
Las había visto antes, hacía diez años, cerca del archipiélago de las Mitsio, en Madagascar, a lo lejos, apenas la cola y una fugaz estela de espuma; y tres años antes en la bahía de Utría (el Chocó, Colombia), desde la playa, un festival de saltos y chorros al atardecer, alucinante!
Pero lo de este año fue insuperable.

Ver las ballenas al amanecer en la playa del Doradillo a mí ya me valió el viaje: Hembras amamantando a las crías al lado de la orilla (la costa gana profundidad tan rápido que se acercan sorprendentemente) y chorros por todas partes.
Luego siguió un delirio de colas, saltos y cortejos nupciales en Punta Pirámides.
Estuvimos un buen rato contemplándolas a placer con motor parado. Hacía un día tan espléndido y soleado que no parecía invierno.
En esto que el vigía nos puso sobre aviso: Una ballena se acercaba... Podían verse las manchas blancas de su lomo bajo el agua. Increíble! Estuvo nadando un rato cerca del costado de la lancha. Subía y bajaba, giraba y torcía la cabeza mostrando un ojo curioso e inteligente (así lo sentí más que lo pensé). Hasta que se alejó y dejamos de verla.
Tras unos momentos de expectación (¿?) ocurrió la magia: Reapareció de repente y enfiló a la barca, subiendo desde el fondo a la vez que se acercaba, muy rápido. Venía directa hacia donde yo estaba asomada. Será posible!!?? Por unos instantes creí que chocaría con nosotros o que golpearía con el morro encima y nos volcaría. Me asusté y pegué un respingo. Pero frenó justo delante de la borda, su morro ante mí, al alcance de la mano...
Fue todo tan rápido que casi no tuve opción más que para darme cuenta de que estaba viviendo un momento que marcaría un antes y un después.
Una amiga dice que se vino a darme un beso... No sé, pero no exagero si digo que hubo unos instantes de comprensión o de conexión con la inteligencia del animal, o de conciencia compartida, como un encuentro cósmico (y no estaba fumada ni me había tomado todavía unas quilmes), que ya no dudaré no fueron un sueño porque está la foto (gracias Celso!), a pesar del/la de la cámara de vídeo que se puso delante de mí. La manchita blanca de la izquierda abajo es la borda de la barca y la roja es el cuello de mi anorak. Qué fuerte!!!
Mi foto salió borrosa, el animal no cabía de tan cerca como estaba, con sus moluscos incrustados, sus barbas y su boca imposible (por fin pude entender cómo es la boca de una ballena!) y yo estaba demasiado emocionada como para fotos.
Me costó contener las ganas de tocarla cuando el capitán de la lancha dijo: "Aunque puedan tocarla no lo hagan!". Pero sí que la toqué, ya lo creo, de un modo muy, muy especial.

Al día siguiente, en Bahía Bustamante, al lado de un pueblo alguero abandonado, pudimos ver más abriendo la boca fuera del agua y mostrando las barbas filtradoras, algo muy inusual, al parecer.
Fue allí, en esa playa, donde reconocí los colores de aquel amanecer soñado cinco años antes. Y donde pudimos contemplar otras muchas maravillas como leones marinos tomando el sol y nadando traviesos hacia nuestra lancha, y los restos de un bosque prehistórico petrificado. Pero eso es otra historia...

En fin...
Si puedes, no dejes que tu vida pase sin vivir la experiencia única de tener cerca una ballena.

M.G.

Patagonia Argentina. Agosto, 2010

Leviatán o la ballena. Philip Hoare. Ático de los libros. 2010


































 


                                                        









miércoles, 19 de octubre de 2011

LA VERDADERA HISTORIA DE LAS COSAS


Cuando, hace casi cuatro años, ví este vídeo me sentí desolada e indignada. El engranaje perverso con que nuestra sociedad "civilizada" de consumo se empeña en explotar y destruir el planeta y a sus habitantes se muestra en él resumido con una claridad sobrecogedora.

Entonces sentí que lo mejor que podía hacer era reenviarlo a mis contactos, contribuir de alguna manera a que esa incomodidad que a mí me produjo, esas preguntas y reflexiones que me sugirió, y esa profunda sensación de RESPONSABILIDAD COMPARTIDA que me transmitió, se expandieran.

"Será posible algún día generar una masa crítica de ciudadanos que  consigan modificar el curso de los acontecimientos?", pensé.

Estábamos por aquellas fechas comenzando a oir hablar de deceleración económica...

Vicky, con su lucidez habitual, me contestó esto al leerlo (yo no hubiera sido capaz de palabras tan certeras):

"No os parece maravilloso que, pese al hombre, las guerras, el hambre y el dolor, .... la belleza, la más absoluta belleza, que es la vida misma, siga brotando por doquier....

Que sensación de paz y pequeñez me produce darme cuenta de este espléndido e inabarcable tinglado que es la Vida!...... pero......

No es tiempo de quedarnos en la contemplación hedonista porque, mantener toda esa hermosura no es sólo cosa de políticos, empresarios o economistas. De hecho, ellos no van a hacer casi nada. Están pillados. El sistema es un monstruo con enormes tentáculos, difícil de parar. Sólo la transformación individual, el paso de cada uno de nosotros a la consciencia de una vida sencilla, limpia y solidaria puede ayudar al cambio.

Hay que trabajar para que la trampa suicida del consumo se desvele y podamos ejercer nuestro derecho a no compartir su falso espejismo de bienestar.
No veo otra forma para conseguirlo que ahondar en la realidad cada día, analizando la información que dejamos que entre en nuestro cerebro (y lo que hacemos con ella), los productos que llenan nuestra cesta de la compra, los alimentos que metemos en nuestra boca, la publicidad que consentimos que fabrique nuestros deseos, las compañías, las conversaciones, las actividades en las que bajamos la guardia y mimetizamos indolentes con la frivolidad del clan.

Poco a poco, y con el trabajo de todos, podemos hacer que se hable más de ética, consciencia, responsabilidad, salud y progreso sostenible, ...que de fútbol o actrices. Las "cumbres", "gobiernos" y "multinacionales" no van a hacerlo. Tienen otras preocupaciones, obligaciones, padrinos, vinculaciones e intereses.

Continuar por el camino que llevamos no sólo es seguir consintiendo que muera de hambre un niño cada cinco segundos, sino ir de cabeza al desastre y la autoextinción como especie (La Vida, no, claro.... La Vida seguirá sin nosotros.... Es un consuelo)".

Ahora la deceleración es ya una franca crisis, económica y de valores; la trampa suicida del consumo se ha desvelado; y el hartazgo generalizado de la ciudadanía, manifestado por todo el mundo, parece estar alcanzando esa masa crítica. 

Tal vez aún haya esperanza??


LA HISTORIA DE LAS COSAS 1-2-3 (en español):





lunes, 10 de octubre de 2011

EL BOOMERANG SIEMPRE VUELVE (2)



Limpiando correos atrasados me he encontrado con este artículo, de la misma página de psicología de ese periódico de gran tirada de la que salió hace unos días el boomerang. Esta vez lo transcribo en su totalidad, pues nada en él tiene desperdicio... y añado al final dos referencias bibliográficas a la que el autor propone.

Todo ello da para reflexionar toda una vida. Que cada cual elija sus opciones... y su camino.

LAS CASUALIDADES NO EXISTEN

No somos marionetas en manos del azar. La vida no es un accidente regido por la suerte ni las coincidencias. Por más que nos cueste creerlo, recogemos lo que sembramos. Veamos la vida como un continuo aprendizaje.

Formamos parte de una sociedad materialista, desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso, en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestras acciones, pues en última instancia las cosas pasan por "casualidad". Esta visión nos convierte en meras marionetas en manos del azar.

"Según la ley de la sincronicidad, lo que nos ocurre, bueno o malo, está ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos".

En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto "nihilistas". No es que no creamos en nada. Simplemente "negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana". De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés.

Pero ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos.

Es decir, que incluso estas creencias no están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el "miedo a la libertad" y el "miedo al vacío". Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?

DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ

"El caos es el orden que todavía no comprendemos" (Gregory Norris-Cervetto)

Cegados por nuestro egocentrismo, solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema y nos lleva a adoptar el papel de víctima y sentirnos impotentes.

Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. Una actitud mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea.

Y esto es precisamente de lo que trata la "física cuántica". En líneas generales, establece que "la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas". Sin embargo, "solo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas". Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.

Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otros resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso.

LA TEORÍA DEL CAOS

"El aleteo de una mariposa puede provocar un 'tsunami' al otro lado del mundo" (proverbio chino)

Lo mismo nos sugiere "la teoría del caos". Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos "permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios". Dentro de estas investigaciones, destaca "el efecto mariposa".
Para comprenderlo, un ejemplo: imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un máster en el extranjero. Y que al regresar a casa entra a trabajar de becario en una empresa. Allí aparece una nueva becaria, a quien sientan a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Y seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.

En este ejemplo, "el efecto mariposa" estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.

Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un máster a raíz de la separación con su exnovia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, destaca que el chico decidió salir con sus amigos tras perder una apuesta. Es decir, si no hubiera perdido la apuesta no habría ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no habría conocido a su exnovia. Y si esta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el máster, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

LA LEY DE LA SINCRONICIDAD


"Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino" (Carl Jung)

Nuestra existencia no está gobernada por la suerte ni el azar, sino por "la ley de la sincronicidad". Esta determina que "todo lo que ocurre tiene un propósito". Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón. 

La ley de la sincronicidad significa que "aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomado en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de disfrutar la vida".

De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones. No existen las coincidencias. Tan solo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, "la ley de la sincronicidad" también ha descubierto que "nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar determinan en última instancia no solo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias".

Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.

LA LEY DEL KARMA

"Cada uno recoge lo que siembra" (Buda)

Si bien la "física cuántica", "la teoría del caos", el "efecto mariposa" y "la teoría de la sincronicidad" son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó "la ley del karma", también conocida como "la ley de causa y efecto".
La ley del karma afirma, en esencia, que "todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias". De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.

Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la "casualidad", sino por la "causalidad". Según "la ley del karma", cada uno de nosotros "recibe lo que da", lo que elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo.

Borja Vilaseca 06/03/2011



El misterio de las coincidencias. Eduardo Zancolli. RBA. 2003.

El Tao de la Física. Frijof Capra. Barcelona: Sirio. 2000. Tercera edición.

El Campo. Lynne McTaggart. Barcelona: Sirio. 2006.

viernes, 23 de septiembre de 2011

LOS IMRAGUEN. Recolectores de vida (Banc d´Arguin)

Completé el viaje a Mauritania con una extensión al parque nacional 'Banc d'Arguin', -una franja costera, a medio camino entre Nouatchok y Nuadibú, declarada patrimonio mundial de la UNESCO en 1989, en la que el desierto se da de bruces con el Océano Atlántico-, atraída por el aliciente de su riqueza ornitológica.
Fue al consultar la ficha del viaje cuando supe de la existencia de los Imraguen o Amrig, un pueblo de pescadores que viven en unas cuantas aldeas dentro del parque, y que constituyeron lo más singular de la visita...
El lugar a primera vista no resulta muy atractivo. El desierto va transformando sus dunas en una llanura costera semipantanosa salpicada por quince islas en la que las aldeas son apenas unos grupos de barracones sin prácticamente infraestructura para el visitante, que sólo puede acceder previo permiso de las autoridades del parque: ni hoteles, ni restaurantes, ni luz eléctrica... sólo unas jaimas con esterillas de caña cubriendo la arena y colchonetas sobre las que tender los sacos; y unos aseos-letrina a buena distancia de ellas. Un "infierno" para el turista...
Sin embargo, ahí radica su encanto: en su aislamiento, su anacronismo y la escasez de visitantes que enturbien la paz del lugar.
Y a poco que uno mira percibe que se trata de un espacio privilegiado, lleno de vida... Desde las formas más sutiles de los moluscos y crustáceos que pueblan sus aguas bajas o marshy, -la plataforma continental mauritana tiene aquí un declive muy suave que alcanza apenas los cinco metros de profundidad, resíduo del vasto estuario que fue esta zona en eras húmedas-, hasta multitud de peces del banco canario-sahariano, tortugas (verde, boba, carey y laúd), cinco especies de delfines, orca, rorcual, foca monje... que se alimentan de ellos y entre sí.
Por no hablar de las aves... Unas 108 especies, casi tres millones de individuos, pasan por esta importante ruta migratoria, de invernada y cría: espátulas, flamencos, pelícanos, cormoranes, golondrinas, garzas, chorlitos, correlimos y otras muchas limícolas... Y de los animales terrestres: gacelas, chacal, feneco, zorro de la arenas, gato salvaje, hiena...
La vegetación no es exuberante ni vistosa, pero sí interesante por la adaptación al medio.
Y la gente, de una ruda sencillez y muy hospitalaria.
En resumen: un paraíso natural que apenas tuvimos tiempo de disfrutar.
Pero vamos con los Imraguen...
Imraguen significa, literalmente, "los que recolectan vida". Y eso es lo que hace, desde decenas de miles de años atrás, este pueblo mestizo mezcla de árabe, bereber y negroide de los que en la actualidad quedan unos 1000 individuos: Cosechar las poblaciones migratorias de pescado, básicamente mújol o lisa, usando barcos a vela y técnicas de pesca tradicionales apenas mejoradas tras el contacto con los portugueses en el S XV. Estas técnicas incluyen una colaboración simbiótica única con los delfines salvajes.

Buscando bibliografía sobre los imraguen me encuentro este curioso trabajo de Francisco García-Talavera: "Pesquerías Canarias en la costa del Sáhara". Cito, casi textualmente, la referencia que hace a ellos, pues recoge una magistral descripcón de los mismos y su actividad:

"En cuanto a la técnica inmemorial de los Imraguen, se encuentra su primera descripción en la relación de Valentím Fernándes (1506-1507), bajo el título "Descripción de la Costa de Africa de Ceuta al Senegal":
"Las redes con las cuales pescan los azanegues "schirmeyros" son de hilo hecho con raíces y corteza de árboles. Alcanzan una braza de ancho por cinco de largo. Ellos las enrollan sobre un grueso palo con dos puntas y del tamaño de un bordón. Los flotadores de esta red son de trozos de madera de "Figueyra do inferno" (que es la tabaiba dulce, Euphorbia balsamifera) que ellos llaman "afernan". La planta de la que hacen las redes es una Asclepiadácea (Leptadenia spartum) conocida por ellos como "titarek". La plomada de la red se compone de bolas de arcilla cocida, secadas en ceniza caliente, y perforadas."
"Para pescar, van de dos en dos, cada uno llevando su red enrollada en su palo. Queriendo pescar, juntan el uno al otro sus redes y, desde que ellos han apercibido los peces, avanzan cada uno de su lado, dejando poco a poco caer la red de los palos entre ellos, hasta el momento en que alcanzan la orilla y se juntan. Todo esto sucede en agua poco profunda, que no les llega sino hasta las rodillas, y en el momento de más calor del día, puesto que los peces están como atontados por el calor del agua. Ellos llevan en la mano derecha su arpón para arponear los peces que quieren franquear la red saltando al aire. Es así como ellos practican la pesca."
Continúa diciendo: "... son tan pobres y tan miserables que no tienen ni pan, ni aceite, ni madera para quemar, ni sal, ni nada. Para preparar su comida, reúnen algas y les prenden fuego, poniendo el pescado que capturan en la parte inferior de este fuego, lo asan y se lo comen así, sin añadirle ningún otro ingrediente. Es la misma manera con que se comen las tortugas..."
"...están tan oprimidos por los alarbes que (cuando llegan a sus campamentos a exigirles tributo) se comen todo lo que encuentran y se acuestan con sus mujeres y sus hijas en sus propios hogares."
Este relato sobre la manera de pescar de los azanegues en Arguin, se diferencia muy poco de lo que sucede en la actualidad con los imraguen, cuando llega la época de la pesca (de octubre a marzo) de la gran lisa amarilla (80-100 cm), que acude allí por millares durante su migración al Sur. Esta especie es muy valorada por los maures tanto por su carne (tichtar) como por sus huevas (que exportan como poutargue), las cuales secan al sol a la manera de las jareas canarias. De las cabezas extraen un aceite muy apreciado, que utilizan para todo.
La única diferencia estriba en los materiales utilizados ahora en las redes de pesca: las fibras vegetales de la malla (titarek), los flotadores de tabaiba (afernan) y los pesos de arcilla cocida, están siendo sustituidos paulatinamente por materiales sintéticos modernos. Pero hay otra novedad interesante que, aunque V. Fernándes no la incluyera en su relato, no podemos descartar que existiera en aquella época, incluso mucho antes. Se trata de un extraordinario hecho de colaboración entre animales y el hombre con el fin de obtener un beneficio mutuo: la comida. Los delfines acuden a la orilla cercando los bancos de lisas, respondiendo también a la llamada de los imraguen cuando golpean el mar con sus gruesos palos. Es este un claro ejemplo de simbiosis entre el hombre y el animal, digno de un profundo estudio etológico. Aunque muchos autores piensan que se trata de una asociación puntual, más que de una verdadera cooperación.
Volviendo al fantástico escenario, los Imraguen con sus redes desplegadas y con el agua por las rodillas, forman una barrera y van encerrando al pescado en varios círculos de redes y, mientras, los delfines por el otro lado comiendo todo lo que pueden. El espectáculo es impresionante, centenares de enormes lisas tratando de escapar, saltando sobre las redes en todos los sentidos... Después de la euforia viene la calma, las redes están llenas. Los pescadores, contentos con su captura la llevan a la playa para que las mujeres y los niños comiencen su trabajo... Una vez descabezado el pescado, se abre, se le cortan las aletas, se lava y se pone a secar al aire, sin sal. Ya tienen sustento hasta la próxima temporada".

No vimos a los Imraguen pescar. Sin embargo, la mañana que pasamos recorriendo la zona en una de sus barcas fue una delicia.

Aún puedo recordar... y, si cierro los ojos, vienen nítidas las imágenes y las sensaciones:

La brisa en la cara trayéndome el sabor del mar; la emoción de ver a los delfines, curiosos, saltar siguiendo a la barca; la impresión de ver a esos hombres curtidos, endurecidos como el ébano por esa dura vida; el sencillísimo pero exquisito guiso de pescado que nos prepararon, sobre la marcha, durante la travesía; el calorcito del sol y su reflejo irisado en el agua al parar frente a un islote cargado de aves que no daba abasto a observar con los prismáticos; el placer de cerrar los ojos y, sin más, dejarme mecer por el sonido del mar y su movimiento...

Por la noche, un cielo de luna nueva cuajado de estrellas como no recuerdo haberlas visto en ningún otro lugar, casi ni en Atacama... Extendíamos unas esterillas sobre la arena, nos tumbábamos bien abrigados sobre ellas con ese manto estelar cubriéndonos y repasábamos los evocadores nombres de las constelaciones mientras éstas iban desplazándose sutilmente en el firmamento.

Y al amanecer, como recompensa al madrugón, la Cruz del Sur en la raya del horizonte y una estrella fugaz cruzando entre el finísimo arco de la Luna y Venus como una última visión antes de que la luz desdibujase el espejismo y nos trajese un nuevo día, el de la marcha.

Si es que uno llega a marcharse de un lugar así... En fin... 

M.G.
Mauritania. Diciembre 2007- Enero 2008


































elguanche.net/pesqueriascanariasfgt.htm - 61k

www.oilwatch.org/2005/documentos/ap_mauritania_esp.pdf