lunes, 8 de agosto de 2011

INDIA DEL SUR. 5- THANJAVUR (TANJORE)

Thanjavur es la antigua capital de la dinastía Chela (S.IX-XIII). Este inquieto reino expandió el hinduísmo hasta Sri-Lanka, Camboya, Thailandia, Sumatra... y nos muestra su pretérito esplendor en el grandioso templo de Brihadisvara (cómo no, consagrado a Shiva), patrimonio mundial de la UNESCO.
Su vymana (cúpula que corona el santuario central), sobrevolada por los milanos, alcanza los 66 metros de altura y es visible desde toda la comarca. En este caso, lo que para mí es de agradecer, los bajorrelieves no están repintados, con lo que la piedra arenisca que los soporta muestra su color natural anaranjado que adquiere hermosas tonalidades al comienzo y final del día. En cambio, sus soportales exhiben unos frescos originales muy vistosos.

Algo sobre los templos...

Al igual que en nuestra Edad Media la vida se organizaba en torno al castillo, aquí lo hacía alrededor del templo. De hecho, los templos, sobre todo los más grandes, son, además de un centro de culto donde se va a orar y hacer ofrendas, un lugar de reunión donde la gente descansa, charla, duerme..., los niños son adoctrinados, y los pobres de solemnidad reciben caridad.

Hay que descalzarse antes de entrar a ellos pero, a diferencia de mezquitas y otros templos asiáticos, aquí a menudo hay que dejar los zapatos a unas calles de distancia y hacer el trayecto descalzo, con lo que los pies se van curtiendo, como todo lo demás, poco a poco.

Poco más que añadir sobre esta ciudad caótica y ruidosa donde el picante (realmente strong), apenas apagado por la cerveza, empezó a hacer su efecto...

El palacio, en estado ruinoso, conserva una interesante colección de bronces representando el panteón hindú realizados con la técnica de la cera perdida que habíamos podido apreciar en un taller local. Lamentablemente, la presentación es precaria, y el calor tan intenso que estás más pendiente de acercarte a los ventiladores que a las vitrinas.

Y, con todo, lo más impactante es la estación de autobuses y sus alrededores. Un auténtico hervidero de vida. Atreverse a coger uno de ellos queda pendiente para un próximo viaje.

Pero, por ahora, vamos a continuar camino en nuestro cómodo bus...


                                                               Templo de Brihadisvara

                                                         Nandi, el vehículo de Shiva


                                                                         









INDIA DEL SUR. 4- CAMINO A TANJORE

Las carreteras en India son un río de Vida que se muestra como un celeidoscopio al turista cómodamente instalado en un bus con aire acondicionado del que sólo baja, a regañadientes, para hacer las visitas de turno.
Realmente, hacen verdad eso de que lo importante no es el destino, sino el camino...

Podría hablar del templo de Nataraja (la danza cósmica de Shiva), en Chidambaram, con sus gopurams (torres) repintada en vivos colores, tan diferentes a las policromías originales, ya perdidas, y que le hacen parecer, como al resto de templos de la zona, una falla; de la puja que presenciamos en su altar mayor (sorprendentemente parecida a nuestra comunión...); y de la casta de los Brahmanes, muy endogámicos y poderosos en esta zona (estas cosas veo que son igual en todas partes...), con la mitad derecha de la cabeza rapada y el pelo recogido en un moño en la otra mitad.

O del templo de Mahamakham, en Kumbakonam, con su enorme estanque bordeado de ghats (escalones que entran en el agua donde se realizan las abluciones) que la leyenda dice que es alimentado por las aguas del Ganges cada doce años. Y del delicioso pollo tandoori con una salsa impronunciable que comí allí (lástima que falló la cerveza, que muy pocos locales sirven por los altos impuestos que han de pagar y que es auténtico artículo de lujo para ellos).

O de Dharasuram, pequeño y tranquilo pueblo desprovisto de turistas, con su hermosísimo templo de Airatesvara, patrimonio de la UNESCO, dedicado, de nuevo, a Shiva, el dios de la creación-destrucción.

Pero prefiero extenderme en el camino...

Como decía, las carreteras en India son tema aparte... Aunque tengan solo dos carriles y pintada la raya central, son vías de múltiple dirección e innumerables carriles.

Una riada de personas recorren la calzada y las cunetas, la mayoría descalzos: Campesinos ataviados con el dhoti (especie de falda-pareo que a menudo recogen enrollada como un pañal), niños que acuden a la escuela caminando o en bici con sus vistosos uniformes, mujeres de coloridos saris con recipientes y otros cargamentos sobre la cabeza...

Los coches los esquivan invadiendo el carril contrario, siendo a su vez sorteados por los vehículos que vienen de frente. Motos y bicis se cuelan por los huecos que van quedando... Mientras tanto, un perro o vaca se cruza y es también esquivado o provoca un buen frenazo. Por no hablar de los que atraviesan la calzada para tomar un desvío sin la menor indicación ni miramiento. Curiosamente, entonces es casi cuando menos pitan...

Esta ausencia de normas de tráfico y la impunidad en los adelantamientos, unidas a que aquí se conduce por la izquierda (otra herencia del colonialismo inglés) convierten el trayecto en una aventura no apta para cardiacos y hacen que, al final, no sepas si vas o vienes. 
Eso sí, una aventura entretenidísima, pues hay vehículos de todo tipo: carros tirados por cebúes cargados con cosechas, motocarros y camionetas de estética kitch decorados con imágenes de Ganesh (el dios-elefante símbolo de prosperidad y buena suerte) o de otros dioses... y demonios, desvencijados buses con luces multicolores a destinos insólitos (hasta 22 letras pude contar en el nombre de uno de ellos)  ABSOLUTAMENTE abarrotados ( digo yo que cómo harán para bajarse...), motos con dos adultos y varios niños enmedio en plan sandwich, colgados de la madre como monitos o sentados sobre el manillar... Todo un espectáculo.

Además, estas carreteras van atravesando animadísimos pueblos de arquitecturas imposibles con mercados y negocios de todo tipo que se abren a la vía y puestecillos a pie de cuneta, por lo que un vistazo te muestra, en un flash, mil estampas de la vida cotidiana y mil oficios conviviendo: carpinteros, sastres, soldadores, caldereros, albañiles, zapateros...

En fin, la vida vista a través de la ventanilla indiscreta de un bus...



                                                Templo de Nataraja

                                     Puesto de Prasad (comida bendecida)

                                              Templo de Mahamakham

                                                Templo de Airatesvara



                                                Artesano del bronce




sábado, 6 de agosto de 2011

INDIA DEL SUR. 3- PONDICHERRY


Pondicherry (Puducherry), en realidad son dos ciudades o, más bien, dos mundos separados por un canal de aguas insalubres (por decirlo suavemente...): El indio al Oeste, y el francés al Este, a la orilla de mar.

Nuestro hotel se encuentra en el lado hindú. Con el entusiasmo por descubrir un nuevo lugar desoímos la recomendación de apalabrar un motorikshaw o tuc-tuc  (motocarro) y decidimos ir a pie hasta la orilla. Total, está bastante cerca...

Hacemos casi todo el trayecto por la calzada sorteando un enjambre de vehículos, fundamentalmente motos, pero también rikshaws, bicis, buses...
Por las aceras es difícil avanzar, pues son casi inexistentes, o están impracticables (baches, suciedad...), o resultan inaccesibles por la barrera de motos aparcadas. Así que es preferible arriesgarse a ser atropellado.

El ruido de las bocinas, con todos los registros sonoros posibles, -Los hindús son grandes aficionados a hacerlas sonar todo el rato porque sí-, es ensordecedor, enloquecedor.
Y los estímulos visuales en forma de carteles anunciadores -cuyo significado sólo podemos intuir por las imagenes tipo Bollywood que los acompañan, pues están escritos en tamil, uno de esos idiomas ininteligibles-, de escaparates de múltiples negocios, de saris multicolores... producen un efecto hipnótico.

Todo esto añadido al resto de factores ya explicados en la llegada a este país...

Tras un trayecto intenso y agotador, por todo lo expuesto, en el que aprovechamos para visitar el mercado, llegamos al “otro mundo”, el lado francés.
Con sus decadentes edificios blancos y ocres de pórticos columnados y frondosos jardines, muestra de su antiguo esplendor colonial, sus calles de nombres evocadores (Dumas, Coubert, Romain Roland...), su sede de la Alliance Française, sus iglesias y sus...¡¡silenciosos!! parques, resulta un bálsamo para los sentidos.

La experiencia puede completarse con una visita al Ashram de Sri Aurobindo, aprovechando para meditar (o dormitar) tranquilamente en el Sahamadi (tumba memorial) de su patio y/o regalarse una cerveza viendo la gente pasear al atardecer por el paseo marítimo.

El tema es que luego hay que regresar al otro lado...









    
Monumento a Gandhi


INDIA DEL SUR. 2- MAHABALIPURAM (Mamallapuram)

Tras la primera impresión del aeropuerto y la visión espectral de los suburbios de Chennai (Madrás) de madrugada, Mahabalipuram, a hora y media hacia el Sur, nos muestra la cara “amable” de India. 
Estamos, para el que no lo sepa, en el independentista estado de Tamil Nadu.

Pueblo de pescadores y, ahora también, enclave turístico para mochileros playeros, Mahavalipuram ofrece, además de palmeras y mar, una importante muestra de la arquitectura religiosa de la dinastía Pallava (S VII-IX), de la que fue segunda capital y puerto principal. 
Sorprende saber que los romanos arribaron ya a estas orillas allá por el S I d.C...

Entre la frondosa vegetación, el suelo arenoso está salpicado de afloramientos graníticos con formas naturales tan caprichosas como la “Bola de mantequilla de Krishna”, y otras talladas en forma de Mandapams (vestíbulos porticados excavados en la roca sin uso religioso), de templos, o de frisos. La visita se realiza entre talleres de talladores de piedra, que trabajan a la vista amenizándola con el tintineo de sus cinceles, y de vendedoras de fruta.
Se nota que es un lugar de recreo para los autóctonos, pues predominan sobre los aún escasos occidentales. A ver cuánto dura...

Después de unos platillos de marisco y pescado sazonados con las salsas locales -hay que ir acostumbrándose al picante- y remojados con una Kingfisher bien fría, es una delicia caminar por la playa al atardecer y dejar que las olas sustituyan como música de fondo al graznido de los cuervos, que aquí están por todas partes. Y que te vayan meciendo ya entrada la noche.

Al día siguiente, nada como madrugar para curiosear alguna de las pujas (ofrendas) realizadas por los locales y acercarse al pueblo de pescadores a contemplar cómo la vida se despereza en sus habitantes: niños preparando los apuntes para la escuela, muchachas peinando sus trenzas, mujeres dibujando delicados mandalas con polvo de arroz a la entrada de sus casas como muestra de hospitalidad y buenos deseos, pescadores regresando de sus duras jornadas con sus magras capturas que luego las mujeres clasifican en una pequeña lonja...

Todo apenas a un día de llegar y ya Occidente resulta tan lejano... 


Dan ganas de quedarse un poco más ahí, con su playa, sus palmeras y su gente hospitalaria, pero hay que continuar viaje... a Pondicherry.



Los cinco Rathas

Los cinco Rathas (detalle)

La bola de mantequilla de Krishna

La penitencia de Arjuna

Templo de los Tigres





Puerto y templo de la Orilla


Lonja

jueves, 4 de agosto de 2011

INDIA DEL SUR. 1- PRIMERAS IMPRESIONES


Aunque resulte tópico, de tan comentado, no se puede obviar que La India te impacta, casi te golpea, desde que desembarcas en el aeropuerto. Es toda una prueba para los sentidos más curtidos. Y, aunque hayas viajado antes a ella, te sigue golpeando.

Este no es un viaje apto para mentes cartesianas, espíritus pusilánimes, caracteres escrupulosos, estómagos sensibles y pulmones asmáticos. Si ese es el caso, mejor abstenerse...

Nada más salir de la terminal tras recuperar el equipaje, con la mente desorientada por el cambio horario y el cuerpo anquilosado y estragado por las viandas del avión, se te hace evidente que el recibimiento no es precisamente amable.

El calor te cae encima como una losa y la humedad se te adhiere dejándote empapado en instantes, hasta el punto que no sabes si te mojas de fuera a adentro o viceversa.

La densidad del ambiente, espeso de tan contaminado, y el olor, los olores: mezcla de sudores, combustible mal refinado a medio quemar, comida especiada, agua estancada, sustancias en putrefacción y el dulzón perfume de las flores con que te obsequian, se te pegan al cuerpo como una segunda piel. Como el ruido. Ése más bien se introduce en tu cabeza sin pedir permiso... Pero qué c... hago yo aquí???” te preguntas.

Luego está la gente. Mucha gente. Una auténtica marea de tez oscura y rasgos característicos espera al otro lado de la puerta y te hace sentir tan diferente como si vinieras de otro planeta. Lo mismo da si llegas de día o de madrugada. Ahí están, comiendo, durmiendo, jugando, viviendo... esperando su oportunidad para ganar unas rupias ofreciéndote cualquier medio de transporte a cualquier parte.

Si consigues sortear esa marabunta de personas, motos, coches, bicis... y todo lo demás, has comenzado el viaje. Bienvenido a India... del Sur.

Qué es lo que le lleva a uno, visto lo visto, a hacer este viaje? Es masoquismo? Afán de trascendencia? Búsqueda espiritual? Es el morbo de lo diferente? Es la atracción del caos?

Ya veremos si conseguimos contestarnos a lo largo de este mes...


Aeropuerto de Chennai 1

 
                                                     Aeropuerto de Chennai 2

INDIA DEL SUR. Motivaciones y Agradecimientos

Tal vez debiera haber comenzado mi blog aclarando-me estas cuestiones. Bien, más vale tarde... Así que aquí queda.

Un ave migratoria no sabe porqué viaja, no sabe lo que busca. Tampoco se lo pregunta. Simplemente, un buen día, surge una inquietud en su interior, una necesidad, y emprende el vuelo.

Debe de ser algo parecido lo que le ocurre a un viajero, solo que aquí sí hay preguntas y búsqueda. Y la esperanza de que el viaje le acerque a algunas de esas anheladas respuestas.

Vivo muy cerca de un aeropuerto. De pequeña iba con mis padres bastantes tardes de domingo a ver despegar los aviones. Entoces este hecho estaba todavía revestido de un halo misterioso, excitante...
Me recuerdo mirando boquiabierta los paneles que anunciaban los vuelos. Las letras se volteaban cambiando mágicamente los destinos, a cuál más sugerente, más estimulante para mi imaginación, todos ellos apetecibles.

Ahí se forjó mi sueño: Quería pasar de ser espectadora a vivir mis propios viajes, tener un pasaporte lleno de sellos, dar la vuelta al mundo. 
No sabía entonces del otro viaje que sucede simultáneamente al externo, ése de las preguntas y las respuestas que te lleva a ver los lados más ocultos, oscuros y lejanos de tí mismo.

Han pasado unos cuantos años, unos cuantos viajes. Tengo varios pasaportes estampillados de la primera a la última página y un buen puñado de imágenes y recuerdos en mi mochila, los suficientes como para comprender que, bien mirado, todos los viajes son interiores.
El viaje pues, no tiene comienzo ni fin y sucede en el transcurso de un abrir y cerrar de ojos...

En estos años varios amigos me han animado a compartir esos recuerdos, imágenes y reflexiones. Queda aquí mi agradecimiento a algunos de ellos:

A Vicky Moreno, buscadora incansable, amiga, confidente y cómplice de Sueños, unos cuantos ya realizados. Ofició como maestra de ceremonias en la creación de este blog. El suyo, Talante y Talentos, me inspira cada día.

A Pablo Vuillermoz, viajero con mayúsculas, por convicción y necesidad, casi a su pesar. Sabe mucho del alto precio del viaje... Leer sus crónicas me abrió a la posibilidad de compartir. Coleccionamos unos cuantos abrazos de aeropuerto.

A Elvira Landín, irónica vasco-gallega, “compañeira do metal” del viaje a Tíbet. Cronista aguda capaz de dar las “luces largas” analizando en sus relatos personas y situaciones.

A José Cenjor, joven e inquieto cibernauta. Unas cuantas fotos compartidas le animaron a proponerme crear la sociedad ilimitada de aquellos que viven el viaje colgados de una cámara.

A Txesco Juárez, erudito algo cascarrabias y descreído fascinado por la Historia natural y humana. Su macro prodigioso nos deleita acercándonos los mundos sutiles animal y vegetal. Queda desde aquí invitado a compartir alguno de ellos en este blog ya que se resiste a crear uno propio.




Gracias a todos ellos y a los que estáis leyéndome, sea cual sea el camino por el que habéis llegado a este blog.




viernes, 29 de julio de 2011

ESTAMBUL ( El Aliento )

Dicen que Mercan Dede es un derviche moderno... Nadie como él resume en música la esencia de Estambul, su mezcla de Oriente y Occidente, de tradición y modernidad... y las contradicciones de aunar todos esos mundos en una Ciudad hermosa y esférica hecha para ser caminada, para ser descubierta en cada recodo de sus callejuelas y sus gentes, para ser olida, saboreada, disfrutada, soñada... en cada una de sus tres orillas. 

Para ello nada mejor que viajar fuera de temporada y, después de un buen desayuno con gaviotas y vistas al Bósforo, olvidar el mapa en el hotel, dejar que tus pasos te alejen de los lugares ya conocidos -Mezquita Azul, Santa Sofía, Topkapi, Yerbatan Sarnici, Gran Bazar...-, y te lleven a la pequeña Sokollu Mehmet Paça con su escuelita coránica, su cementerio y su tiempo detenido... Para luego, tras contemplar en la antigüa estación de Sirkeci la llegada de un Orient Express imaginario, dejarse guiar por el olfato hasta descubrir en el bullicioso aledaño del Bazar de las Especias los escalones de subida a la Rusten Paça... y navegar un ratito en el silencioso verde esmeralda de sus azulejos. Y subir después la cuesta hasta la, no menos magnífica, mezquita de Solimán el Magnífico, respirar en las cuatro direcciones de su mirador los aires nostálgicos de sus tiempos de grandeza, y, tras rendir homenaje a Sinán, el arquitecto de Sueños, en su recoleta tumba, confiar en que esos mismos pasos te lleven al café Haliç y a un atardecer de oro en su Cuerno.

En fin... Hay tantos viajes como viajeros. Y hay también ciudades invisibles dentro de las visibles. Esta es sólo una de esas ciudades en una de las orillas de esa ciudad de múltiples nombres: Bizancio, Constantinopla, Estambul...

Otro día damos una vueltita por las otras orillas. Vienes?

M. G.
Estambul. Julio 1997, Mayo 1998, Agosto 2002 y, sobre todo, Diciembre 2006






Souffle ( Aliento )

                                          

                                                                          Istanbul